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Ansiedad

¿Por qué me cuesta tanto relajarme? Cuando descansar también da ansiedad

Si no puedes relajarte ni en tu tiempo libre y parar te genera inquietud o culpa, entiende por qué ocurre y cómo empezar a descansar de verdad.

Alba Fernández Méndez

9 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

Por fin llega el domingo por la tarde, no tienes nada pendiente y te sientas en el sofá. Y en lugar de calma, aparece una inquietud rara. Te levantas a recoger algo, miras el móvil, piensas en lo que tienes que hacer el lunes. Si alguien te propone no hacer nada, sientes que estás perdiendo el tiempo. Hasta en vacaciones necesitas unos días para "bajar", y cuando por fin lo consigues, ya toca volver.

"¿Por qué me cuesta tanto relajarme?" Me lo preguntan muchas personas que, además, se sienten culpables por no saber hacer algo que parece tan sencillo. Si te pasa, no es que lo estés haciendo mal. Hay razones que lo explican, y entenderlas es el primer paso para empezar a descansar de verdad.

Cuando descansar también da ansiedad

Puede parecer contradictorio, pero para muchas personas parar genera más malestar que seguir haciendo cosas. Mientras estás ocupada, la cabeza tiene algo en lo que centrarse. Cuando paras, aparecen pensamientos, sensaciones o emociones que estaban esperando su turno.

Algunas señales de que te cuesta relajarte:

  • Te sientes culpable cuando no estás siendo productiva.
  • Llenas los ratos libres de tareas o de pantallas para no quedarte "sin hacer nada".
  • Notas el cuerpo tenso incluso cuando estás tumbada.
  • Las técnicas de relajación te ponen más nerviosa o te aburren enseguida.
  • Te pones enferma justo cuando empiezan las vacaciones.
  • Tu cabeza sigue repasando y planificando aunque estés en la cama.
  • Te cuesta disfrutar del tiempo libre porque una parte de ti está pendiente de lo siguiente.

Por qué no consigues relajarte

Tu cuerpo ha aprendido a funcionar en modo alerta

Si llevas mucho tiempo viviendo con estrés, responsabilidades o tensión, tu sistema nervioso se ha acostumbrado a estar activado. Ese estado se convierte en tu "normal". Cuando intentas relajarte, tu cuerpo lo vive como algo desconocido y, por tanto, un poco amenazante. Es como pedirle a alguien que ha estado de guardia durante años que se duerma tranquilo de un día para otro. Lo explico con más detalle en por qué estoy siempre alerta.

Parar deja espacio a lo que no quieres sentir

Mantenerse ocupada puede ser una forma, muchas veces inconsciente, de no conectar con lo que hay debajo: tristeza, soledad, cansancio acumulado, preocupaciones o recuerdos. Cuando dejas de hacer, eso aparece. Y como resulta incómodo, vuelves a ponerte en marcha. Si te identificas con esto, quizá te ayude leer sobre dejar de luchar contra lo que sientes.

Aprendiste que tu valor depende de lo que haces

Muchas personas crecieron en entornos donde se valoraba mucho el esfuerzo, ser útil o no dar problemas. A veces el cariño o la aprobación llegaban cuando hacías las cosas bien. Sin darte cuenta, puedes haber aprendido que descansar es ser vaga o que solo mereces parar cuando lo has terminado todo. Y como nunca se termina todo, nunca llega el momento.

Bajar la guardia se asoció con algo malo

En algunas historias personales, relajarse no era seguro. Quizá cuando te despistabas pasaba algo, o había que estar atenta al ambiente de casa. En esos casos, tu cuerpo aprendió que la calma podía preceder a un problema. Hoy, aunque las circunstancias sean otras, esa asociación puede seguir activa.

Qué puedes hacer tú

Relajarse no es algo que se consiga a la fuerza. De hecho, intentar relajarte con mucho empeño suele tener el efecto contrario. La idea es ir creando las condiciones para que tu cuerpo, poco a poco, se sienta lo bastante seguro como para soltar.

1. Empieza por descansos muy pequeños

Si una tarde entera sin hacer nada te resulta imposible, no empieces por ahí. Prueba con cinco minutos de pausa real entre dos tareas: sin móvil, sin hacer nada en concreto. Observa qué aparece. Poco a poco puedes ir alargando ese tiempo.

2. Cambia "descansar" por "hacer algo que te cuida"

Para algunas personas, quedarse quietas es demasiado al principio. Puedes buscar actividades que te calmen sin exigirte rendimiento: pasear sin rumbo, cocinar algo sencillo, escuchar música, regar las plantas, darte una ducha larga. El objetivo no es producir, sino estar.

3. Fíjate en lo que te dices cuando paras

Cuando notes la inquietud de "debería estar haciendo algo", escucha esa voz. ¿Qué te dice? ¿A quién te recuerda? Muchas veces descubrimos que es una exigencia muy antigua que nos acompaña desde hace años. No tienes que hacerle caso a todo lo que dice.

4. Usa el cuerpo como aliado

Algunas cosas sencillas pueden ayudar a que tu sistema nervioso se desactive:

  • Respirar despacio, haciendo la exhalación más larga que la inhalación.
  • Notar los puntos de apoyo del cuerpo: los pies, la espalda, las manos.
  • Estirarte suavemente o mover los hombros y el cuello.
  • Pasar un rato en la naturaleza o mirando a lo lejos.

Si alguna de estas cosas te pone más nerviosa, no pasa nada. No hay una técnica que sirva a todo el mundo. Busca lo que a ti te resulte amable.

5. Date permiso

Puede sonar simple, pero muchas personas necesitan darse permiso explícito para descansar. Prueba a decirte: "Ahora mismo me toca parar, y eso también es importante". Descansar no es un premio que tengas que ganarte. Es una necesidad.

Cómo lo trabajamos en terapia

En terapia intentamos entender qué hace que parar te resulte tan difícil. A veces es el cuerpo que no se fía, otras veces es una voz exigente que no te deja en paz, y otras veces hay emociones pendientes que necesitan un espacio. Normalmente es una mezcla de todo.

Trabajo con mindfulness, que ayuda a estar presente con lo que sientes sin tener que huir, y con herramientas de ACT, para que puedas relacionarte de otra forma con la incomodidad. También con IFS, para conocer a esas partes de ti que no te dejan descansar y entender qué intentan protegerte. Poco a poco, construimos un lugar seguro interno al que volver.

Descansar no es dejar de ser útil. Es darle a tu cuerpo la oportunidad de recordar que también puede estar a salvo.

Si además notas que, aunque duermas, te levantas agotada, puede que te interese leer sobre el cansancio de vivir en alerta.

Soy Alba y acompaño a muchas personas que saben hacer de todo menos parar. Si quieres que lo veamos juntas, puedes conocer cómo trabajo o escribirnos. Atiendo en Cáceres y también por videollamada.

Alba Fernández Méndez, psicóloga general sanitaria de Psicalmia

Escrito por

Alba Fernández Méndez

Psicóloga general sanitaria Nº col. EX02559

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