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Aceptación y valores

Aceptar no es resignarse: qué es la terapia ACT

Aceptar lo que sientes no es rendirse. Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), explicada sin tecnicismos, y cómo empezar a practicarla.

Alba Fernández Méndez

9 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

Cuando alguien te dice "tienes que aceptarlo", es fácil que algo dentro de ti se rebele. Suena a rendirse, a quedarte de brazos cruzados, a darle la razón a lo que te hace daño. "¿Aceptar que estoy ansiosa? ¿Aceptar que me siento así? Ni hablar, lo que quiero es dejar de sentirlo".

Es una reacción muy lógica. Pero en psicología, aceptar significa algo muy distinto a resignarse. Y entender esa diferencia puede cambiar la forma en que te relacionas con lo que te pasa.

Resignarse y aceptar: dos cosas distintas

Resignarse es tirar la toalla. Es decir "esto es lo que hay, no puedo hacer nada" y dejar de moverte. Suele venir acompañado de desánimo, de rabia contenida o de una sensación de derrota.

Aceptar es otra cosa. Es reconocer lo que está pasando ahora mismo, incluido lo que sientes, sin pelearte con ello, para poder decidir qué haces a continuación. La aceptación no es el final del camino, es el punto de partida.

Una imagen que me gusta mucho: estás en un atasco. No puedes hacer nada para que los coches avancen. Puedes pasarte la hora apretando el volante, mirando el reloj y agobiándote porque no vas a llegar. O puedes reconocer que estás en un atasco, avisar de que llegarás tarde y poner tu canción favorita. El atasco es el mismo. Lo que cambia es cómo lo vives y qué haces dentro de él. En terapia, elegimos la canción.

Qué es la ACT

Esta forma de entender la aceptación viene de la Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida como ACT (se pronuncia como la palabra inglesa act, "actuar"). Es una de las llamadas terapias de tercera generación, y cuenta con un respaldo de investigación creciente en problemas como la ansiedad, el estado de ánimo bajo o el estrés.

La idea central de la ACT es sencilla de decir, aunque no siempre fácil de practicar: gran parte del sufrimiento no viene solo de lo que sentimos, sino de la lucha constante por no sentirlo. Y mientras gastamos toda nuestra energía en esa lucha, nuestra vida se va quedando pequeña.

La ACT propone dos movimientos:

  • Aceptación: hacer sitio a los pensamientos, emociones y sensaciones difíciles, en lugar de intentar eliminarlos a toda costa.
  • Compromiso: moverte hacia lo que de verdad te importa, aunque esas emociones vengan contigo.

Lo que aceptar no es

Para que no haya confusión, conviene decir también lo que la aceptación no significa:

  • No es aprobar. Aceptar que algo te dolió no significa que estuviera bien.
  • No es aguantar situaciones que te dañan. Aceptar lo que sientes en una relación que te hace daño puede ser, justamente, lo que te ayude a salir de ella.
  • No es que te tenga que gustar. Puedes aceptar que estás triste y que no te guste nada estar triste.
  • No es pensar en positivo. No se trata de convencerte de que todo está bien.
  • No es para siempre. Aceptas lo que hay ahora, en este momento. Mañana será otro.

Por qué nos cuesta tanto aceptar

Desde pequeñas aprendemos que lo que molesta hay que arreglarlo. Si tienes frío, te pones un jersey. Si hay una gotera, llamas al fontanero. Esa lógica funciona muy bien con el mundo de fuera, pero no tanto con el de dentro.

Con las emociones pasa lo contrario: cuanto más intentas no sentir algo, más presente se hace. Prueba a no pensar en un oso blanco durante un minuto. Ya sabes lo que ocurre.

Además, muchas personas que viven en alerta sienten que, si dejan de controlar lo que sienten, algo malo va a pasar. Aceptar se vive como bajar la guardia, y eso da miedo. Si te reconoces en esto, puede que te interese leer sobre vivir siempre en alerta.

Cómo empezar a practicar la aceptación

Algunas cosas pequeñas que puedes probar en tu día a día:

  1. Nombra lo que sientes. "Estoy notando ansiedad", "aquí hay tristeza". Ponerle nombre crea una pequeña distancia, como si pudieras mirarlo en lugar de estar dentro.
  2. Localízalo en el cuerpo. ¿Dónde lo notas? ¿Qué forma tiene? ¿Es pesado, caliente, tenso? Obsérvalo con curiosidad, como si fuera la primera vez.
  3. Respira alrededor. No para que se vaya, sino para hacerle sitio. Imagina que tu respiración crea un poco más de espacio alrededor de esa sensación.
  4. Dile que puede quedarse. "Vale, puedes estar aquí". Al principio cuesta decirlo de verdad. No pasa nada, se trata de practicar.
  5. Pregúntate qué es importante para ti ahora. Con esa emoción presente, ¿qué pequeño paso puedes dar hacia algo que te importa?

Aceptar no es quedarte parada en el atasco. Es dejar de pelearte con él para poder elegir qué haces mientras tanto.

Cómo lo trabajamos en terapia

En consulta, la ACT es una de las bases de mi forma de trabajar. No para que te conformes con lo que te pasa, sino para que dejes de gastar tanta energía en una lucha que no se puede ganar y puedas usarla en lo que de verdad te importa.

Trabajamos con ejercicios experienciales, con metáforas que ayudan a verlo desde otro lugar y con mucha atención a lo que sientes en el cuerpo. También exploramos tus valores, lo que da sentido a tu vida, porque la aceptación tiene más sentido cuando sabes hacia dónde quieres ir. Si te interesa este tema, puedes leer más sobre cómo usar tus valores para tomar decisiones o sobre qué pasa cuando dejas de luchar contra lo que sientes.

Para terminar

Aceptar no es rendirse. Es una forma valiente de mirar lo que hay, con honestidad y sin pelearte contigo misma, para poder moverte desde ahí.

Si quieres explorarlo con acompañamiento, puedes conocer cómo trabajo o escribirnos. Atiendo en Cáceres o por videollamada.

Alba Fernández Méndez, psicóloga general sanitaria de Psicalmia

Escrito por

Alba Fernández Méndez

Psicóloga general sanitaria Nº col. EX02559

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